sábado, 25 de abril de 2009

El e-mail


Un hombre pierde su trabajo. Luego de bus-
car varios meses, se entera de que en Microsoft
necesitan barrenderos. El gerente de relaciones
industriales le pregunta sus datos, lo observa
barrer, lo felicita y le dice: “El puesto es suyo.
Deme su e-mail, para informarle el día y la hora
en que deberá presentarse”.

El hombre, desconsolado, contesta que no
tiene e-mail, y el gerente de relaciones indus-
triales le dice que lo lamenta mucho pero que si
no tiene e-mail, virtualmente no existe, y que,
como no existe, no le puede dar el trabajo.

El hombre sale desesperado, no sabe qué
hacer y sólo tiene $250 en el bolsillo. Enton-
ces decide ir al mercado de abastecimiento de
frutas y verduras y compra un cajón de tomates
de 10 kg. Se va de casa en casa vendiendo
el kilo de tomates a $50. En menos de dos ho-
ras ha duplicado su dinero; repite la opera-
____

ción otras tres veces, cena en un pequeño res-
taurante y vuelve a casa con $150.

Se da cuenta de que de esa forma puede so-
brevivir, y cada día sale más temprano y vuelve
más tarde. Así duplica, triplica y hasta cuadri-
plica el dinero en un solo día. Con un poco de
suerte logra comprar una camioneta, que un año
después cambia por un camión; a los tres años,
ya tiene una pequeña flota de transporte.

Luego de cinco años, el buen hombre es
dueño de una de las principales distribuidoras
de alimentos del país. Entonces recibe a un
agente de seguros y, al terminar la conversa-
ción, este le pide al empresario que le dé su
dirección electrónica para enviarle la póliza. El
hombre contesta que no tiene e-mail, y el agente
le dice:

—Si usted no tiene e-mail y llegó a construir
este imperio, no quiero imaginarme lo que sería
si lo tuviera.

Y el buen hombre replica:

—Sería barrendero de Microsoft.



Moraleja 1. Internet no te soluciona la vida
Moraleja 2. Si trabajas por tu cuenta y tienes
suerte, puedes ser millonario.

Moraleja 3. Si quieres ser barrendero de Mi-
crosoft, es mejor tener e-mail.

Corolario. Si este mensaje te llega por e-mail,
es muy probable que estés más cerca de ser barren-
dero de Microsoft que multimillonario.


domingo, 12 de abril de 2009

El árbol de manzanas


Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho. Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza: —¿Vienes a jugar conmigo? Pero el muchacho contestó: —Ya no soy el niño de antes que juega alre- dedor de los árboles. Ahora quiero tener ju- guetes, y necesito dinero para comprarlos. —Lo siento —dijo el árbol—. No tengo di- nero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes. El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó: —¿Vienes a jugar conmigo? —No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme? —Lo siento —repuso el árbol—. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y cons- truir tu casa. El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba en- cantado. —¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó. —Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo? El árbol contestó: —Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz. El hombre cortó el tronco, construyó su bo- te y se fue a navegar por un largo tiempo. Re- gresó después de muchos años y el árbol le dijo: —Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas. El hombre replicó: —No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo. Entonces el árbol, llorando, le dijo: —Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas. Y el hombre contestó: —No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años... —Bueno —dijo el árbol—, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa. El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.

Esta es la historia de cada uno de nosotros: el árbol son nuestros padres. De niños, los amamos y jugamos con ellos. Cuando crecemos los dejamos solos; regresamos a ellos cuando los necesitamos, o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí pura darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Usted puede pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a nuestros padres.

sábado, 11 de abril de 2009

Copos de nieve


Dos pájaros estaban posados sobre una rama durante una nevada, y se pusieron a conversar: —Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? — le preguntó el pájaro carbonero a la paloma salvaje. —Casi nada —fue la respuesta. —En tal caso, antes de irme déjame contarte una maravillosa historia —replicó el carbonero. Al empezar este invierno me posé sobre la rama de un abeto. No era un duro invierno, y como no tenía otra cosa que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando en las ramitas y en las hojas de mi tallo. Su número exacto fue 3.741.952. Cuando el último copo de nieve se depositó sobre la rama, sin que nada pasara, esta se partió —dijo el pájaro, y se alejó volando. La paloma estuvo reflexionando un rato sobre esa historia y por fin se dijo: —Quizá sólo haga falta la voz de una per- sona más para que la paz llegue al mundo.

Esta narración de Joseph Jarowski nos sirve para reflexionar sobre el hecho de que el dirigente se compone de una sama de valores y conductas que se acumulan e integran en un todo denominado liderazgo hacia el servicio. El relato es también conveniente para seña- lar que todos podemos, de una manera u otra, construir poco a poco y simultáneamente un liderazgo hacia la paz. Todos los copos suman: los proyectos sociales, los foros sobre la conviven- cia, el “ya no más”, las diversas acciones ten- dientes a promover la tolerancia y el desarme de los espíritus, los talleres de solidaridad, las ac- ciones cívicas, las ONGs en lucha por los dere- chos humanos... Bajo esta nueva perspectiva, sincronizar los anhelos con los medios y las acciones para la paz es crear una sinergia de innegable impacto en la vida del país.

Los cien días del plebeyo


Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos... Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que el amor y la perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: —Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote. La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: —Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prue- ba, me desposarás. Así pasaron las horas y los días. El preten- diente permaneció afuera del palacio, soportan- do el sol, los vientos, la nieve y las noches he- ladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la prin- cesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravi- llas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobla- dores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días. Unas semanas después, mientras deambula- ba por un solitario camino, un niño de la co- marca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: —¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste? Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó en voz baja: —La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.

Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos como prueba de afecto o lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra dignidad, merecemos al menos una palabra de comprensión o estímulo. Las personas tienen que hacerse merecedoras del amor que se les ofrece.

viernes, 10 de abril de 2009

Asamblea en la carpinteria


Hubo en la carpintería una extraña asamblea;
las herramientas se reunieron para arreglar sus
diferencias. El martillo fue el primero en ejer-
cer la presidencia, pero la asamblea le notificó
que debía renunciar. ¿La causa? Hacía dema-
siado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo reconoció su culpa, pero pidió
que fuera expulsado el tornillo: había que darle
muchas vueltas para que sirviera de algo.
El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pi-
dió la expulsión de la lija: era muy áspera en su
trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, con la condición
de que fuera expulsado el metro, pues se la
pasaba midiendo a los demás, como si el fuera
perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delan-
tal e inició su trabajo, utilizando alternativa-
mente el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Al final, el trozo de madera se había
convertido en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la
asamblea reanudó la deliberación. Dijo el
serrucho: “Señores, ha quedado demostrado
que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja
con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace
valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras
flaquezas, y concentrémonos en nuestras
virtudes”. La asamblea encontró entonces que
el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba
solidez, la lija limaba asperezas y el metro era
preciso y exacto. Se sintieron como un equipo
capaz de producir hermosos muebles, y sus di-
ferencias pasaron a segundo plano.

Cuando el personal de un equipo de trabajo suele buscar defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, florecen los mejores logros. Es fácil encontrar defectos—cualquier necio puede hacerlo—, pero encontrar cualidades es una labor para los espíritus superiores que son capaces de inspirar el éxito de los demás.

jueves, 2 de abril de 2009

No las hemos de olvidar...

Nuestra Argentina - Aurelio Agustín Pernas

La decisión y el atino de todo el pueblo criollo
que en invasiones inglesas los demostró con fervor,
dando de sí lo mas noble porque así lo hubo entendido
sin importarle el peligro ni los riesgos que sorteó,
cristalizaron la patria que hoy tenemos nosotros
legando a sus propios hijos una excelente lección,
la misma que han absorbido todas las generaciones
haciéndola carne propia por su ejemplo y su valor.

Hoy el pueblo continúa con vocación de grandeza
pujando con entereza por su identificación,
lo hace dándolo todo,defiende las causas justas,
sostiene todo lo suyo con gallardía y tesón,
sufre la acción de intereses que asolan a la región
y lo anhelan dividido para su dominación,
busca apoyo en sus raíces, quiere llegar a la unión
de todos los argentinos basándose en la razón.

La unión ha de concretarla si existe la convicción
de que¡Argentina es su líder! y el pueblo su servidor,
para alcanzar de este modo la paz,que es preciado don,
la que anida en los humanos cuando se les brinda amor;
por ello es que hoy en día debemos concientizarnos
que la patria se la cuida según nuestro proceder
y en la medida que todos por ella nos preocupemos
se hará esa Argentina grande que creemos merecer.

Como al fin nuestra Argentina está formada por nosotros,
estando ella dentro nuestro y en todo el alrededor,
somos un trozo de patria y la patria somos todos,
polvo argentino que anda para sostener su honor;
es por ello que en forma diaria y desde nuestro escalón
le debemos construir su destino de bonanza,
dándole la fuerza ética al cumplir nuestra labor
para que pueda alcanzar nuestra mejor esperanza.

Bandera amada - Aurelio Agustín Pernas

La atracción de tus gracias me fascina,
el azul celestial llega y me envuelve,
tu blanco inmaculado me conmueve
y el oro de tu sol me regocija.

Eres la fuente de mi bien primero,
la imagen del edén que tanto ansío,
la luz que me permite seguir vivo,
la pasión del sentir que tanto quiero.

Tan profundo y sutil es el encanto
que si te hicieran mal me angustiaría
y si viera tus triunfos, gozaría.

Nada me tienes que dar pues, yo te amo,
tu creas mi ilusión, mi fantasía
y el don que me alimenta cada día.

miércoles, 1 de abril de 2009

Almas de Malvinas - Aurelio Agustín Pernas

Su cielo insondable, sus costas inmensas,
sus olas que rompen y luego desploman,
sus vientos que vibran y música toman,
guardan en su seno sensasiones tensas.

Al rozar sus cuerpos, al gustar su aliento
y al guardar a aquellos con celo en el alma,
actúan cual dique que trae la calma,
mitigando todo nuestro sufrimiento.

Sus gotas de lluvia les siembran colores
y el sol de la tarde traspasa sus brumas
¡mientras almas criollas protegen sus flores!

Carecen de su hado que pone armonía,
el blanco y celeste, por eso esas almas
anhelan y esperan librarlas un día.

Compatriotas Malvinenses - Aurelio Agustín Pernas

En mil ocho treinta y tres
vivía placidamente
un poblado en las Malvinas
compuesto por buena gente.

Pero llegaron soldados
que con fuerza y sin razón
sometieron con fiereza
a toda la población.

Sin respetar sus derechos,
sin escuchar su opinión,
a los criollos, con desprecio,
echaron en la ocasión.

Un puñado de extranjeros
fue poniendo pie en las islas
y en este suelo argentino
tuvieron hijos e hijas.

Estos hoy son argentinos
que habitan esa región
y están ellos protegidos
por nuestra Constitución.

Sólo nos queda rogar
con fe, ahinco y tesón
para recobrar las islas
y a toda la población.