- Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.
- El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.
- Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.
- El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.
- La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.
- Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.
- El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.
- Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.
- El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.
- No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.
sábado, 21 de febrero de 2009
Diez mandamientos para escribir con estilo - Friedrich Nietzsche
miércoles, 18 de febrero de 2009
¿Puedes? - Stephen King
¿Puedes, Paulie?
Sí. Así es como sobrevivo. Así es como me las he arreglado para mantener casas en Nueva York y en Los Angeles, y más autos de los que hay en algunos lotes de usados. Porque yo puedo, y no es algo por lo que deba pedir disculpas, maldito sea. Hay mucha gente que escribe una prosa mejor que la mía y que tiene una comprensión más profunda de lo que es la gente y de lo que significa humanidad... eso lo sé perfectamente. Pero cuando el maestro preguntaba ¿Lo hizo? sobre esos chicos, a veces, muy pocas manos se levantaban. Pero levantaban las manos con entusiasmo cuando se trataba de mí... o de Misery... y en el fondo creo que son lo mismo. ¿Puedo? Sí. Pueden apostar a que sí. Hay un millón de cosas en el mundo que no puedo. No puedo hacer un buen lanzamiento en el béisbol, nunca pude, ni cuando iba al colegio. No puedo cambiarle el cuerito a una canilla. No puedo andar en patines, ni sacarle un acorde que suene decente en una guitarra. Dos veces traté de ser un hombre casado y no pude ninguna de las dos veces. Pero si quieren que los interese o los asuste o los haga llorar o sonreír, sí. Eso puedo. Puedo llevarlos conmigo y no soltarlos hasta que me dé la gana. Soy capaz. PUEDO.
La vos de pistolero insolente de la máquina de escribir susurró en su sueño que se hacía más profundo:
Lo que tenemos aquí, amigos, es una gran cantidad de dos cosas: egolatría y página en blanco.
¿Puedes?
Sí. ¡Sí!
¿Lo hizo?
No. Hizo trampa. En El hijo de Misery el médico no llegaba a tiempo. Es posible que la mayoría de ustedes haya olvidado lo que pasó la semana pasada, pero el ídolo de piedra nunca lo olvida. Paul tiene que salir del círculo. Perdónenme, por favor. Ahora debo enjuagar. Ahora debo...
lunes, 16 de febrero de 2009
Divina Comedia (fragmento del Purgatorio) - Dante Alighieri
Cantando cual mujer enamorada,
al terminar de hablar continuó:
‘Beati quorum tacta sunt peccata.' 3[L930]
Y cual las ninfas que marchaban solas
por las sombras selváticas, buscando
cuál evitar el sol, cuál recibirlo, 6
se dirigió hacia el río, caminando
por la ribera; y yo al compás de ella,
siguiendo lentamente el lento paso. 9
Y ciento ya no había entre nosotros,
cuando las dos orillas dieron vuelta,
y me quedé mirando hacia levante. 12
Tampoco fue muy largo así el camino,
cuando a mí la mujer se dirigió,
diciendo: «Hermano mío, escucha y mira.» 15
Y se vio un resplandor súbitamente
por todas partes de la gran floresta,
que acaso yo pensé fuera un relámpago. 18
Pero como éste igual que viene, pasa,
y aquel, durando, más y más lucía,
decía para mí. «¿Qué cosa es ésta;?» 21
Resonaba una dulce melodía
por el aire esplendente; y con gran celo
yo a Eva reprochaba de su audacia, 24
pues donde obedecían cielo y tierra,
tan sólo una mujer, recién creada,
no consintió vivir con velo alguno; 27
bajo el cual si sumisa hubiera estado,
habría yo gozado esas delicias
inefables, aún antes y más tiempo. 30
Mientras yo caminaba tan absorto
entre tantas primicias del eterno
placer, y deseando aún más deleite, 33
cual un fuego encendido, ante nosotros
el aire se volvió bajo el ramaje;
y el dulce son cual canto se entendía. 36
Oh sacrosantas vírgenes, si fríos 37[L931]
por vosotras sufrí, vigilias y hambres,
razón me urge que a favor os mueva. 39
El manar de Helicona necesito,
y que Urania me inspire con su coro
poner en verso cosas tan abstrusas. 42
Más adelante, siete árboles áureos 43[L932]
falseaba en la mente el largo trecho
del espacio que había entre nosotros; 45
pero cuando ya estaba tan cercano
que el objeto que engaña los sentidos
ya no perdía forma en la distancia, 48
la virtud que prepara el intelecto, 48[L933]
me hizo ver que eran siete candelabros,
y Hosanna era el cantar de aquellas voces. 51
Por encima el conjunto flameaba
más claro que la luna en la serena 53[L934]
medianoche en el medio de su mes. 54
Yo me volví de admiración colmado
al bueno de Virgilio, que repuso
con ojos llenos de estupor no menos. 57
Volví la vista a aquellas maravillas
que tan lentas venían a nosotros,
que una recién casada las venciera. 60
La mujer me gritó: «¿Por qué contemplas
con tanto ardor las vivas luminarias,
y lo que viene por detrás no miras?» 63
Y tras los candelabros vi unas gentes
venir despacio, de blanco vestidas;
y tanta albura aquí nunca la vimos. 66
Brillaba el agua a nuestro lado izquierdo,
el izquierdo costado devolviéndome,
si se miraba en ella cual espejo. 69
Cuando estuve en un sitio de mi orilla,
que sólo el río de ellos me apartaba,
para verles mejor detuve el paso, 72
y vi las llamas que iban por delante
dejando tras de sí el aire pintado,
como si fueran trazos de pinceles; 75
de modo que en lo alto se veían
siete franjas, de todos los colores
con que hace el arco el Sol y Delia el cinto. 78[L935]
Los pendones de atrás eran más grandes
que mi vista; y diez pasos separaban,
en mi opinión, a los de los extremos 81[L936]
Bajo tan bello cielo como cuento,
coronados de lirios, veinticuatro 83[L937]
ancianos avanzaban por parejas. 84
Cantaban: «Entre todas Benedicta
las nacidas de Adán, y eternamente
benditas sean las bellezas tuyas.» 87
Después de que las flores y la hierba,
que desde el otro lado contemplaba,
se vieron libres de esos elegidos, 90
como luz a otra luz sigue en el cielo,
cuatro animales por detrás venían, 92[L938]
de verde fronda todos coronados. 93
Seis alas cada uno poseía;
con ojos en las plumas; los de Argos
tales serían, si vivo estuviese. 96
A describir su forma no dedico
lector, más rimas, pues que me urge otra
tarea, y no podría aquí alargarme; 99
pero léete a Ezequiel, que te lo pinta
como él los vio venir desde la fría
zona, con viento, con nubes, con fuego; 102
y como lo verás en sus escritos,
tales eran aquí, salvo en las plumas;
Juan se aparta de aquel y está conmigo. 105
En el espacio entre los cuatro había,
sobre dos ruedas, un carro triunfal,
que de un grifo venía conducido. 108[L939]
Hacia arriba tendía las dos alas
entre la franja que había en el centro
y las tres y otras tres, mas sin tocarlas. 111[L940]
Subían tanto que no se veían;
de oro tenía todo lo de pájaro,
y blanco lo demás con manchas rojas. 114[L941]
No sólo Roma en carro tan hermoso 115[L942]
no honrase al Africano, ni aun a Augusto,
mas el del sol mezquino le sería; 117
aquel del sol que ardiera, extraviado,
por petición de la tierra devota,
cuando fue Jove arcanarnente justo. 120
Tres mujeres en círculo danzaban
en el lado derecho; una de rojo,
que en el fuego sería confundida; 123[L943]
otra cual si los huesos y la carne
hubieran sido de esmeraldas hechos;
cual purísima nieve la tercera; 126
y tan pronto guiaba la de blanco,
tan pronto la de rojo; y a su acento
caminaban las otras, raudas, lentas. 129
Otras cuatro a la izquierda solazaban, 130[L944]
de púrpura vestidas, con el ritmo
de una de ellas que tenía tres ojos. 132
Detrás de todo el nudo que he descrito
vi dos viejos de trajes desiguales,
mas igual su ademán grave y honesto. 135
Uno se parecía a los discípulos 136[L945]
de Hipócrates, a quien natura hiciera
para sus animales más queridos; 138
contrario afán el otro demostraba 139[L946]
con una espada aguda y reluciente,
tal que me amedrentó desde mi orilla. 141
Luego vi cuatro de apariencia humilde; 142[L947]
y de todos detrás un viejo solo,
que venía durmiendo, iluminado. 144[L948]
Y estaban estos siete como el grupo
primero ataviados, mas con lirios
no adornaban en torno sus cabezas, 147
sino con rosas y bermejas flores; 148[L949]
se juraría, aun vistas no muy lejos,
que ardían por encima de los ojos. 150
Y cuando el carro tuve ya delante,
un trueno se escuchó, y las dignas gentes
parecieron tener su andar vedado, 153
y se pararon junto a las enseñas.
Divina Comedia (fragmento del Purgatorio) - Dante Alighieri
CANTO XXX
Y cuando el septentrión del primer cielo, 1[L950]
que no sabe de ocaso ni de orto;
ni otra niebla que el velo de la culpa, 3
y que a todos hacía sabedores
de su deber, como hace aquí el de abajo
al que gira el timón llegando a puerto, 6
inmóvil se quedó: la gente santa
que entre el grito y aquel primero
vino, como a su paz se dirigió hacia el carro; 9
y uno de ellos, del cielo mensajero, 10[L951]
'Veni sponsa de Libano’, cantando
gritó tres veces, y después los otros. 12
Cual los salvados al último bando 13[L952]
prestamente alzarán de su caverna,
aleluyando en voces revestidas, 15
sobre el divino carro de tal forma
cien se alzaron, ad vocem tanti senis, 17[L953]
ministros y enviados del Eterno. 18
'¡Benedictus qui venis!' entonaban, 19[L954]
tirando flores por todos los lados
'¡Manibus, oh, date ilia plenis' 21[L955]
Yo he visto cuando comenzaba el día
rosada toda la región de oriente,
bellamente sereno el demás cielo; 24
y aún la cara del sol nacer en sombras,
tal que, en la tibiedad de los vapores,
el ojo le miraba un largo rato: 27
lo mismo dentro de un turbión de flores
que de manos angélicas salía,
cayendo dentro y fuera: coronada, 30
sobre un velo blanquísimo, de olivo,
contemplé una mujer de manto verde
vestida del color de ardiente llama. 33
Y el espíritu mío, que ya tanto 34[L956]
tiempo había pasado que sin verla
no estaba de estupor, temblando, herido, 36
antes de conocerla con los ojos,
por oculta virtud de ella emanada,
sentió del viejo amor el poderío. 39
Nada más que en mi vista golpeó
la alta virtud que ya me traspasara
antes de haber dejado de ser niño, 42[L957]
me volví hacia la izquierda como corre
confiado el chiquillo hacia su madre
cuando está triste o cuando tiene miedo, 45
por decir a Virgilio: «Ni un adarme
de sangre me ha quedado que no tiemble:
conozco el signo de la antigua llama.» 48
Mas Virgilio privado nos había
de sí, Virgilio, dulcísimo padre,
Virgilio, a quien me dieran por salvarme; 51[L958]
todo lo que perdió la madre antigua,
no sirvió a mis mejillas que, ya limpias, 53[L959]
no se volvieran negras por el llanto. 54
«Dante, porque Virgilio se haya ido 55[L960]
tú no llores, no llores todavía;
pues deberás llorar por otra espada.» 57
Cual almirante que en popa y en proa
pasa revista a sus subordinados
en otras naves y al deber les llama; 60
por encima del carro, hacia la izquierda,
al volverme escuchando el nombre mío,
que por necesidad aquí se escribe, 63
vi a la mujer que antes contemplara
oculta bajo el angélico halago,
volver la vista a mí de allá del río. 66
Aunque el velo cayendo por el rostro,
ceñido por la fronda de Minerva, 68[L961]
no me dejase verla claramente, 69
con regio gesto todavía altivo
continuó lo mismo que quien habla
y al final lo más cálido reserva: 72
«¡Mírame bien!, soy yo, sí, soy Beatriz,
¿cómo pudiste llegar a la cima?
¿no sabías que el hombre aquí es dichoso?» 75[L962]
Los ojos incliné a la clara fuente;
mas me volvía a la yerba al reflejarme,
pues me abatió la cara tal vergüenza. 78
Tan severa cree el niño que es su madre,
así me pareció; puesto que amargo
siente el sabor de la piedad acerba. 81
Ella calló; y los ángeles cantaron
de súbito: 'in te, Domine, speravi'; 83[L963]
pero del ‘pedes meos’ no siguieron. 84
Como la nieve entre los vivos troncos
en el dorso de Italia se congela,
azotada por vientos boreales, 87
luego, licuada, en sí misma rezuma,
cuando la tierra sin sombra respira,
y es como el fuego que funde una vela; 90
mis suspiros y lágrimas cesaron
antes de aquel cantar de los que cantan
tras de las notas del girar eterno; 93[L964]
mas luego que entendí que el dulce canto
se apiadaba de mí, más que si dicho
hubiese: «Mujer, por qué lo avergüenzas», 96
el hielo que en mi pecho se apretaba,
se hizo vapor y agua, y con angustia
se salió por la boca y por los ojos. 99
Ella, parada encima del costado
dicho del carro, a las sustancias pías 101[L965]
dirigió sus palabras de este modo: 102
«Veláis vosotros el eterno día,
sin que os roben ni el sueño ni la noche
ningún paso del siglo en su camino; 105
así pues más cuidado en mi respuesta
pondré para que entienda aquel que llora,
e igual medida culpa y duelo tengan. 108
No sólo por efecto de las ruedas
que a cada ser a algún final dirigen
según les acompañen sus estrellas, 111
mas por largueza de gracia divina, 112[L966]
que en tan altos vapores hace lluvia,
que no pueden mirarlos nuestros ojos, 114
ese fue tal en su vida temprana 115[L967]
potencialmente, que cualquier virtud
maravilloso efecto en él hiciera. 117
Mas tanto más maligno y más silvestre,
inculto y mal sembrado se hace el campo,
cuanto más vigorosa tierra sea. 120
Le sostuve algún tiempo con mi rostro:
mostrándole mis ojos juveniles,
junto a mí le llevaba al buen camino. 123
Tan pronto como estuve en los umbrales
de mi segunda edad y cambié de vida,
de mí se separó y se entregó a otra. 126[L968]
Cuando de carne a espíritu subí,
y virtud y belleza me crecieron,
fui para él menos querida y grata; 129
y por errada senda volvió el paso,
imágenes de un bien siguiendo falsas,
que ninguna promesa entera cumplen. 132
No me valió impetrar inspiración,
con la cual en un sueño o de otros modos
lo llamase: ¡tan poco le importaron! 135[L969]
Tanto cayó que todas las razones
para su salvación no le bastaban,
salvo enseñarle el pueblo condenado. 138
Fui por ello a la entrada de los muertos,
y a aquel que le ha traído hasta aquí arriba, 141
le dirigí mis súplicas llorando.
Una alta ley de Dios se habría roto,
si el Leteo pasase y tal banquete
fuese gustado sin ninguna paga 144
del arrepentimiento que se llora.»
Divina Comedia (fragmento del Purgatorio) - Dante Alighieri
«Oh tú que estás de allá del sacro río,
‑dirigiéndome en punta sus palabras,
que aun de filo tan duras parecieron, 3[L970]
volvió a decir sin pausa prosiguiendo-
di si es esto verdad, pues de tan seria
acusación debieras confesarte.» 6
Estaba mi valor tan confundido,
que mi voz se movía, y se apagaba
antes que de sus órganos saliera. 9
Esperó un poco, y me dijo: «¿En qué piensas?
respóndeme, pues las memorias tristes
en ti aún no están borradas por el agua.» 12[L971]
La confusión y el miedo entremezclados
como un «sí» me arrancaron de la boca,
que fue preciso ver para entenderlo. 15
Cual quebrada ballesta se dispara,
por demasiado tensos cuerda y arco,
y sin fuerzas la flecha al blanco llega, 18
así estallé abrumado de tal carga,
lágrimas y suspiros despidiendo,
y se murió mi voz por el camino. 21
«Por entre mis deseos ‑‑dijo ella-
que al amor por el bien te conducían,
que cosa no hay de aspiración más digna, 24
¿qué fosos se cruzaron, qué cadenas
hallaste tales que del avanzar
perdiste de tal forma la esperanza? 27
¿Y cuál ventaja o qué facilidades
en el semblante de los otros viste, 29[L972]
para que de ese modo los rondaras?» 30
Luego de suspirar amargamente,
apenas tuve voz que respondiera,
formada a duras penas por los labios. 33
Llorando dije: «Lo que yo veía
con su falso placer me extraviaba
tan pronto se escondió vuestro semblante.» 36
Y dijo: «Si callaras o negases
lo que confiesas, igual se sabría
tu culpa: ¡es tal el juez que la conoce! 39
Mas cuando sale de la propia boca
confesar el pecado, en nuestra corte
hace volver contra el filo la piedra. 42[L973]
Sin embargo, para que te avergüences
ahora de tu error, y ya otras veces
seas fuerte, escuchando a las sirenas, 45
deja ya la raíz del llanto y oye:
y escucharás cómo a un lugar contrario
debió llevarte mi enterrada carne. 48
Arte o natura nunca te mostraron
mayor placer, cuanto en los miembros donde
me encerraron, en tierra ahora esparcidos; 51
y si el placer supremo te faltaba
al estar muerta, ¿qué cosa mortal
te podría arrastrar en su deseo? 54[L974]
A las primeras flechas de las cosas
falaces, bien debiste alzar la vista
tras de mí, pues yo no era de tal modo. 57
No te debían abatir las alas,
esperando más golpes, ni mocitas,
ni cualquier novedad de breve uso. 60
El avecilla dos o tres aguarda; 61[L975]
que ante los ojos de los bien plumados
la red se extiende en vano o la saeta.» 63
Cual los chiquillos por vergüenza, mudos
están con ojos gachos, escuchando,
conociendo su falta arrepentidos, 66
así yo estaba; y ella dijo: «Cuando
te duela el escuchar, alza la barba 68[L976]
y aún más dolor tendrás si me contemplas.» 69
Con menos resistencia se desgaja
robusta encina, con el viento norte
o con aquel de la tierra de Jarba, 72[L977]
como el mentón alcé con su mandato;
pues cuando dijo «barba» en vez de «rostro»
de sus palabras conocí el veneno; 75
y pude ver al levantar la cara
que las criaturas que llegaron antes
en su aspersión habían ya cesado; 78
y mis ojos, aún poco seguros,
a Beatriz vieron vuelta hacia la fiera 80[L978]
que era una sola en dos naturalezas. 81
Bajo su velo y desde el otro margen
a sí misma vencerse parecía,
vencer a la que fue cuando aquí estaba. 84
Me picó tanto el arrepentimiento
con sus ortigas, que enemigas me hizo
esas cosas que más había amado. 87
Y tal reconocer mordióme el pecho,
y vencido caí; y lo que pasara 89[L979]
lo sabe aquella que la culpa tuvo, 90
Y vi a aquella mujer, al recobrarme, 91[L980]
que había visto sola, puesta encima
«¡cógete a mí, cógete a mí!» diciendo. 93
Hasta el cuello en el río me había puesto,
y tirando de mí detrás venía,
como esquife ligera sobre el agua. 96
Al acercarme a la dichosa orilla,
«Asperges me» escuché tan dulcemente, 98[L981]
que recordar no puedo, ni escribirlo. 99
Abrió sus brazos la mujer hermosa;
y hundióme la cabeza con su abrazo
para que yo gustase de aquel agua. 102
Me sacó luego, y mojado me puso
en medio de la danza de las cuatro 104[L982]
hermosas; cuyos brazos me cubrieron. 105
«Somos ninfas aquí, en el cielo estrellas;
antes de que Beatriz bajara al mundo,
como sus siervas fuimos destinadas. 108
Te hemos de conducir ante sus ojos;
mas a su luz gozosa han de aguzarte
las tres de allí, que miran más profundo.» 111[L983]
Así empezaron a cantar; y luego
hasta el pecho del grifo me llevaron,
donde estaba Beatriz vuelta a nosotros. 114
Me dijeron: «No ahorres tus miradas;
ante las esmeraldas te hemos puesto
desde donde el Amor lanzó sus flechas.» 117
Mil deseos ardientes más que llamas
mis ojos empujaron a sus ojos
relucientes, aún puestos en el grifo. 120
Lo mismo que hace el sol en el espejo,
la doble fiera dentro se copiaba, 122[L984]
con una o con la otra de sus formas. 123
Imagina, lector, mi maravilla
al ver estarse quieta aquella cosa,
y en el ídolo suyo transmutarse. 126
Mientras que llena de estupor y alegre
mi alma ese alimento degustaba
que, saciando de sí, aún de sí da ganas, 129
demostrando que de otro rango eran 130[L985]
en su actitud, las tres se adelantaron,
danzando con su angélica cantiga. 132
«¡Torna, torna, Beatriz, tus santos ojos
‑decía su canción‑ a tu devoto
que para verte ha dado tantos pasos! 135
Por gracia haznos la gracia que desvele
a él tu boca, y que vea de este modo
la segunda belleza que le ocultas.» 138[L986]
Oh resplandor de viva luz eterna,
¿quién que bajo las sombras del Parnaso
palideciera o bebiera en su fuente, 141[L987]
no estuviera ofuscado, si tratara
de describirte cual te apareciste
donde el cielo te copia armonizando, 144
cuando en el aire abierto te mostraste? 145[L988]
Divina Comedia (fragmento del Purgatorio) - Dante Alighieri
Mi vista estaba tan atenta y fija
por quitarme la sed de aquel decenio, 2[L989]
que mis demás sentidos se apagaron. 3
Y topaban en todas partes muros
para no distraerse ‑¡así la santa
sonrisa con la antigua red prendía!‑; 6
cuando a la fuerza me hicieron girar
aquellas diosas hacia el lado izquierdo,
pues las oí decir: «¡Miras muy fijo!»; 9
y la disposición que hay en los ojos
que el sol ha deslumbrado con sus rayos,
sin vista me dejó por algún tiempo. 12
Cuando pude volver a ver lo poco
(digo «lo poco» con respecto al mucho
de la luz cuya fuerza me cegara), 15[L990]
vi que se retiraba a la derecha
el glorioso ejército, llevando
el sol y las antorchas en el rostro. 18[L991]
Cual bajo los escudos por salvarse
con su estandarte el escuadrón se gira,
hasta poder del todo dar la vuelta; 21
esa milicia del celeste reino
que iba delante, desfiló del todo
antes que el carro torciera su lanza. 24
A las ruedas volvieron las mujeres,
y la bendita carga llevó el grifo
sin que moviese una pluma siquiera. 27
La hermosa dama que cruzar me hizo,
Estacio y yo, seguíamos la rueda
que al dar la vuelta hizo un menor arco. 30[L992]
Así cruzando la desierta selva, 31[L993]
culpa de quien creyera a la serpiente,
ritmaba el paso un angélico canto. 33
Anduvimos acaso lo que vuela
una flecha tres veces disparada,
cuando del carro descendió Beatriz. 36
Yo escuché murmurar: «Adán» a todos;
y un árbol rodearon, despojado
de flores y follajes en sus ramas. 39[L994]
Su copa, que en tal forma se extendía
cuanto más sube, fuera por los indios
aun con sus grandes bosques, admirada. 42
«Bendito seas, grifo, porque nada
picoteas del árbol dulce al gusto,
porque mal se separa de aquí el vientre.» 45[L995]
Así en tomo al robusto árbol gritaron
todos ellos; y el animal biforme:
«Así de la virtud se guarda el germen.» 48
Y volviendo al timón del que tiraba,
junto a la planta viuda lo condujo,
y arrimado dejó el leño a su leño. 51[L996]
Y como nuestras plantas, cuando baja
la hermosa luz, mezclada con aquella
que irradia tras de los celestes Peces, 54[L997]
túrgidas se hacen, y después renuevan
su color una a una, antes que el sol
sus corceles dirija hacia otra estrella; 57
menos que rosa y más que violeta 58[L998]
color tomando, se hizo nuevo el árbol,
que antes tan sólo tuvo la enramada. 60
Yo no entendí, porque aquí no usa 61[L999]
el himno que cantaron esas gentes,
ni pude oír la melodía entera. 63
Si pudiera contar cómo durmieron,
oyendo de Siringa, los cien ojos 65[L1000]
a quien tanto costó su vigilancia; 66
como un pintor que pinte con modelo,
cómo me adormecí dibujaría;
mas otro sea quien el sueño finja. 69
Por eso paso a cuando desperté,
y digo que una luz me rasgó el velo
del dormir, y una voz: «¿Qué haces?, levanta.» 72
Como por ver las flores del manzano
que hace ansiar a los ángeles su fruto,
y esponsales perpetuos en el cielo, 75
Pedro, Juan y jacob fueron llevados
y vencidos, tornóles la palabra
que sueños aún más grandes ha quebrado, 78
y se encontraron sin la compañía
tanto de Elías como de Moisés,
y al maestro la túnica cambiada; 81[L1001]
así me recobré, y vi sobre mí
aquella que, piadosa conductora
fue de mis pasos antes junto al río. 84
Y «¿dónde está Beatriz.?», dije con miedo.
Respondió: «Véla allí, bajo la fronda
nueva, sentada sobre las raíces. 87[L1002]
Mira la compañía que la cerca;
detrás del grifo los demás se marchan
con más dulce canción y más profunda.» 90
Y si fueron más largas sus palabras,
no lo sé, porque estaba ante mis ojos
la que otra cualquier cosa me impedía. 93[L1003]
Sola sobre la tierra se sentaba,
como dejada en guardia de aquel carro
que vi ligado a la biforme fiera. 96
En torno suyo un círculo formaban
las siete ninfas, con las siete antorchas
que de Austro y de Aquilón están seguras 99
«Silvano aquí tú serás poco tiempo;
habitarás conmigo para siempre
esa Roma donde Cristo es romano. 102[L1004]
Por eso, en pro del mundo que mal vive,
pon la vista en el carro, y lo que veas
escríbelo cuando hayas retornado.» 105[L1005]
Así Beatríz; y yo que a pie juntillas
me encontraba sumiso a sus mandatos,
mente y ojos donde ella quiso puse. 108
De un modo tan veloz no bajó nunca
de espesa nube el rayo, cuando llueve
de aquel confín del cielo más remoto, 111
cual vi calar al pájaro de Júpiter, 112[L1006]
rompiendo, árbol abajo, la corteza,
las florecillas y las nuevas hojas; 114
e hirió en el carro con toda su saña;
y él se escoró como nave en tormenta,
a babor o a estribor de olas vencida. 117
Y luego vi que dentro se arrojaba
de aquel carro triunfal una vulpeja,
que parecía ayuna de buen pasto; 120[L1007]
mas, sus feos pecados reprobando,
mi dama la hizo huir de tal manera,
cuanto huesos sin carne permitían. 123
Y luego por el sitio que viniera,
vi descender al águila en el arca
del carro y la cubría con sus plumas; 126[L1008]
y cual sale de un pecho que se queja,
tal voz salió del cielo que decía
«¡Oh navecilla mía, qué mal cargas!» 129
Luego creí que la tierra se abriera
entre ambas ruedas, y salió un dragón
que por cima del carro hincó la cola; 132
y cual retira el aguijón la avispa,
así volviendo la cola maligna,
arrancó el fondo, y se marchó contento. 135[L1009]
Aquello que quedó, como de grama
la tierra, de las plumas, ofrecidas
tal vez con intención benigna y santa, 138
se recubrió, y también se recubrieron
las ruedas y el timón, en menos tiempo
que un suspiro la boca tiene abierta. 141[L1010]
Al edificio santo, así mudado
le salieron cabezas; tres salieron
en el timón, y en cada esquina una. 144[L1011]
Las primeras cornudas como bueyes,
las otras en la frente un cuerno sólo:
nunca fue visto un monstruo semejante. 147[L1012]
Segura, cual castillo sobre un monte,
sentada una ramera desceñida,
sobre él apareció, mirando en torno; 150[L1013]
y como si estuviera protegiéndola,
vi un gigante de pie, puesto a su lado;
con el cual a menudo se besaba. 153[L1014]
Mas al volver los ojos licenciosos
y errantes hacia mí, el feroz amante 155[L1015]
la azotó de los pies a la cabeza. 156
Crudo de ira y de recelos lleno,
desató al monstruo, y lo llevó a la selva,
hasta que de mis ojos se perdieron 159
la ramera y la fiera inusitada. 160[L1016]
Divina comedia (fragmento del Purgatorio) - Dante Alighieri
‘Deus venerunt Gentes’, alternando 1[L1017]
ya las tres, ya las cuatro, su salmodia, 2[L1018]
llorando comenzaron las mujeres; 3
y Beatriz, piadosa y suspirando,
lo escuchaba de forma que no mucho
más se mudara ante la cruz María. 6[L1019]
Mas cuando las doncellas la dejaron
lugar para que hablase, puesta en pie,
respondió, colorada como el fuego: 9
«Modicum, et non videbitis me mis 10[L1020]
queridas hermanas, et iterum ,
modicum, et vos videbitis me.» 12
Luego se puso al frente de las siete,
y me hizo andar tras de ella con un gesto,
y a la mujer y al sabio que quedaba. 15
Así marchaba; y no creo que hubiera
dado apenas diez pasos en el suelo,
cuando me hirió los ojos con sus ojos; 18
y con tranquilo gesto: «Ven deprisa 19[L1021]
para que, si quisiera hablar, conigo,
estés para escucharme bien dispuesto.» 21
Y al ir, como debía, junto a ella,
díjome: «Hermano, ¿por qué no te atreves,
ya que vienes conmigo, a preguntarme?» 24
Como aquellos que tanta reverencia
muestran si están hablando a sus mayores,
que la voz no les sale de los dientes, 27
a mí me sucedió y, balbuceando,
dije: «Señora lo que necesito
vos sabéis, y qué es bueno para ello.» 30
Y dijo: «De temor y de vergüenza
quiero que en adelante te despojes,
y que no me hables como aquel que sueña. 33
Sabe que el vaso que rompió la sierpe
fue y ya no es; mas crean los culpables 35[L1022]
que el castigo de Dios no teme sopas. 36[L1023]
No estará sin alguno que la herede
mucho tiempo aquel águila que plumas
dejó en el carro, monstruo y presa hecho. 39[L1024]
Que ciertamente veo, y lo relato,
las estrellas cercanas a ese tiempo,
de impedimento y trabas ya seguro, 42
en que un diez, en que un cinco, en que un quinientos
enviado de Dios, a la ramera
matará y al gigante con quien peca. 45[L1025]
Tal vez estas palabras tan oscuras,
cual de Esfinge o de Temis, no comprendas, 47[L1026]
pues a su modo el intelecto ofuscan; 48
Mas Náyades serán pronto los hechos, 49[L1027]
que han de explicar enigma tan oscuro
sin daño de rebaños ni cosechas. 51
Toma nota; y lo mismo que las digo,
lleva así mis palabras a quien vive
el vivir que es carrera hacia la muerte. 54
Y ten cuidado, cuando lo relates,
y no olvides que has visto cómo el árbol
ha sido despojado por dos veces. 57[L1028]
Cualquiera que le robe o que le expolie,
con blasfemias ofende a Dios, pues santo
sólo para su uso lo ha creado. 60
Por morder de él, en penas y en deseos
el primer ser más de cinco mil años 62[L1029]
anheló a quien en sí purgó el mordisco. 63
Tu ingenio está dormido, si no aprecia
por qué extraña razón se eleva tanto,
y tanto se dilata por su cima. 66[L1030]
Y si no hubieran sido agua del Elsa 67[L1031]
los vanos pensamientos por tu mente,
y el placer como a Píramo la mora, 69
solamente por estas circunstancias
la justicia de Dios conocerías,
moralmerite, al hacer prohibido el árbol. 72
Mas como veo que tu inteligencia
se ha hecho de piedra, y empedrada, oscura,
y te ciega la luz de mis palabras, 75
quiero que, si no escritas, sí pintadas,
dentro de ti las lleves por lo mismo
que las palmas se traen en los bordones.» 78[L1032]
Y yo: «Como la cera de los sellos,
donde no cambia la figura impresa,
por vos ya mi cerebro está sellado. 81
¿Pero por qué tan fuera de mi alcance
vuestra palabra deseada vuela,
que más la pierde cuanto más se obstinad» 84
«Por que conozcas ‑dijo‑ aquella escuela
que has seguido, y que veas cómo puede
seguir a mis palabras su doctrina; 87[L1033]
y veas cuánto dista vuestra senda
de la divina, cuanto se separa
el cielo más lejano de la tierra.» 90
Por lo que yo le dije: «No recuerdo 91[L1034]
que alguna vez de vos yo me alejase,
ni me remuerde nada la conciencia.» 93
«Si acordarte no puedes de esas cosas
acuérdate ‑repuso sonriente‑
que hoy bebiste las aguas del Leteo; 96
Y si del humo el fuego se deduce,
concluye esta olvidanza claramente
que era culpable tu querer errado. 99
Estarán desde ahora ya desnudas
mis palabras, cuanto lo necesite
tu ruda mente para comprenderlas.» 102
Fulgiendo más y con más lentos pasos
el sol atravesaba el mediodía, 104[L1035]
que allá y aquí, como lo miran, cambia, 105
cuando se detuvieron, como aquellos
que van a la vanguardia de una tropa,
si encuentran novedades o vestigios, 108
las mujeres, junto a un lugar sombrío,
cual bajo fronda verde y negras ramas
se ve en los Alpes sobre sus riachuelos. 111
Delante de él al Éufrates y al Tigris 112[L1036]
creí ver brotando de una misma fuente,
y, casi amigos, lentos separarse. 114
«Oh luz, oh gloria de la estirpe humana,
¿qué agua es ésta que mana en este sitio
de un principio, y que a sí de sí se aleja?» 117
A tal pregunta me dijeron: «Pide
que te explique Matelda»; y respondió, 119[L1037]
como hace quien de culpa se libera, 120
la hermosa dama: «Esta y otras cosas
le dije, y de seguro que las aguas
del Leteo escondidas no le tienen.» 123
Y Beatriz: «Acaso otros cuidados,
que muchas veces privan de memoria,
los ojos de su mente oscurecieron. 126
Pero allí va fluyendo el Eunoé:
condúcele hasta él, y como sueles,
reaviva su virtud amortecida.» 129
Como un alma gentil, que no se excusa,
sino su gusto al gusto de otro pliega,
tan pronto una señal se lo sugiere; 132
de igual forma, al llegarme junto a ella,
echó a andar la mujer, y dijo a Estacio
con femenina gracia: «Ve con él.» 135
Si tuviese lector, más largo espacio
para escribir, en parte cantaría
de aquel dulce beber que nunca sacia; 138
mas como están completos ya los pliegos
que al cántico segundo destinaba,
no me deja seguir del arte el freno. 141
De aquel agua santísima volví
transformado como una planta nueva
con un nuevo follaje renovada,
puro y dispuesto a alzarme a las estrellas. 144
miércoles, 11 de febrero de 2009
(One for all, one for all)
(It's all it's all for one)
Let's start a union, calling every human
It's one for all and all for one
We don't want war- can't take no more!
Coz do you really think Mohammed got a problem with Jehovah?
We don't want war – imagine if any prophet was alive
In current days amongst you and I
You think they'd view life like you and I do?
Or would they sit and contemplate on why?
Do we live this way, act and behave this way
We still live in primitive today
Coz the peace in the destination of war can't be the way
There's no way!, so people just be 'em wanna be a man
Realise that you can't change the world by changing yourself
And understand that we're all just the same
So when I count to three let's change!
[Chorus]
Got no time for grand philosophy
I barely keep my head above the tide
I got this mortgage, got three kids at school
What you’re saying is the truth, but really troubles me inside
I’d change the world if I could change my mind
If I could live beyond my fears
Exchanging unity for all my insecurity
Exchanging laughter for my tears
[Chorus]
I don’t know, y’all, we in a real deposition
In the midst of all this negative condition
Divided by beliefs, different sink and religion
Why do we keep missing the point in our mission?
Why do we keep killing each other, what’s the reason?
God made us all equal in His vision
I wish that I could make music as a religion
Then we could harmonise together in this mission
Listen, I know it’s really hard to make changes
But two of us could help rearrange this curse
Utilising all the power in our voices
Together we will unite and make the right choice
And fight for education, save the next generation
Come together as one
I don’t understand why it’s never been done
So let’s change on the count of one
It takes one, just one
And then one follows the other one
And then another follows the other one
Next thing you know you got a billion
People doing some wonderful things
People doing some powerful things
Let’s change and do some powerful things
Unity could be a wonderful thing
[Chorus]
lunes, 9 de febrero de 2009
You're pushing and pulling me down to you.
But I don't know what I,
Now when I caught myself, I had to stop myself.
From saying something that I should have never thought.
Now when I caught myself, I had to stop myself.
From saying something that I should have never thought of you, of you.
You're pushing and pulling me down to you,
But I don't know what I want,
No I don't know what I want.
You got it, you got it,
Some kind of magic.
Hypnotic, hypnotic,
You're leaving me breathless.
I hate this, I hate this,
You're not the one I believe in.
With God as my witness.
Now when I caught myself, I had to stop myself,
From saying something that I should have never thought.
Now when I caught myself, I had to stop myself,
From saying something that I should have never thought of you, of you.
You're pushing and pulling me down to you.
But I don't know what I want.
No I don't know what I want.
Don't know what I want.
But I know it's not you.
Keep pushing and pulling me down,
But I know in my heart it's not you.
Now when I caught myself, I had to stop myself,
From saying something that I should have never thought.
Now when I caught myself, I had to stop myself,
From saying something that I should have never thought of you.
I knew, I know in my heart it's not you.
I know but now I know what I want, I want, I want,
Oh no, I should have never thought!
