lunes, 16 de febrero de 2009

Divina Comedia (fragmento del Purgatorio) - Dante Alighieri

CANTO XXXII



Mi vista estaba tan atenta y fija

por quitarme la sed de aquel decenio, 2[L989]

que mis demás sentidos se apagaron. 3



Y topaban en todas partes muros

para no distraerse ‑¡así la santa

sonrisa con la antigua red prendía!‑; 6



cuando a la fuerza me hicieron girar

aquellas diosas hacia el lado izquierdo,

pues las oí decir: «¡Miras muy fijo!»; 9



y la disposición que hay en los ojos

que el sol ha deslumbrado con sus rayos,

sin vista me dejó por algún tiempo. 12



Cuando pude volver a ver lo poco

(digo «lo poco» con respecto al mucho

de la luz cuya fuerza me cegara), 15[L990]



vi que se retiraba a la derecha

el glorioso ejército, llevando

el sol y las antorchas en el rostro. 18[L991]



Cual bajo los escudos por salvarse

con su estandarte el escuadrón se gira,

hasta poder del todo dar la vuelta; 21



esa milicia del celeste reino

que iba delante, desfiló del todo

antes que el carro torciera su lanza. 24



A las ruedas volvieron las mujeres,

y la bendita carga llevó el grifo

sin que moviese una pluma siquiera. 27



La hermosa dama que cruzar me hizo,

Estacio y yo, seguíamos la rueda

que al dar la vuelta hizo un menor arco. 30[L992]



Así cruzando la desierta selva, 31[L993]

culpa de quien creyera a la serpiente,

ritmaba el paso un angélico canto. 33



Anduvimos acaso lo que vuela

una flecha tres veces disparada,

cuando del carro descendió Beatriz. 36



Yo escuché murmurar: «Adán» a todos;

y un árbol rodearon, despojado

de flores y follajes en sus ramas. 39[L994]



Su copa, que en tal forma se extendía

cuanto más sube, fuera por los indios

aun con sus grandes bosques, admirada. 42



«Bendito seas, grifo, porque nada

picoteas del árbol dulce al gusto,

porque mal se separa de aquí el vientre.» 45[L995]



Así en tomo al robusto árbol gritaron

todos ellos; y el animal biforme:

«Así de la virtud se guarda el germen.» 48



Y volviendo al timón del que tiraba,

junto a la planta viuda lo condujo,

y arrimado dejó el leño a su leño. 51[L996]



Y como nuestras plantas, cuando baja

la hermosa luz, mezclada con aquella

que irradia tras de los celestes Peces, 54[L997]



túrgidas se hacen, y después renuevan

su color una a una, antes que el sol

sus corceles dirija hacia otra estrella; 57



menos que rosa y más que violeta 58[L998]

color tomando, se hizo nuevo el árbol,

que antes tan sólo tuvo la enramada. 60



Yo no entendí, porque aquí no usa 61[L999]

el himno que cantaron esas gentes,

ni pude oír la melodía entera. 63



Si pudiera contar cómo durmieron,

oyendo de Siringa, los cien ojos 65[L1000]

a quien tanto costó su vigilancia; 66



como un pintor que pinte con modelo,

cómo me adormecí dibujaría;

mas otro sea quien el sueño finja. 69



Por eso paso a cuando desperté,

y digo que una luz me rasgó el velo

del dormir, y una voz: «¿Qué haces?, levanta.» 72



Como por ver las flores del manzano

que hace ansiar a los ángeles su fruto,

y esponsales perpetuos en el cielo, 75



Pedro, Juan y jacob fueron llevados

y vencidos, tornóles la palabra

que sueños aún más grandes ha quebrado, 78



y se encontraron sin la compañía

tanto de Elías como de Moisés,

y al maestro la túnica cambiada; 81[L1001]



así me recobré, y vi sobre mí

aquella que, piadosa conductora

fue de mis pasos antes junto al río. 84



Y «¿dónde está Beatriz.?», dije con miedo.

Respondió: «Véla allí, bajo la fronda

nueva, sentada sobre las raíces. 87[L1002]



Mira la compañía que la cerca;

detrás del grifo los demás se marchan

con más dulce canción y más profunda.» 90



Y si fueron más largas sus palabras,

no lo sé, porque estaba ante mis ojos

la que otra cualquier cosa me impedía. 93[L1003]



Sola sobre la tierra se sentaba,

como dejada en guardia de aquel carro

que vi ligado a la biforme fiera. 96



En torno suyo un círculo formaban

las siete ninfas, con las siete antorchas

que de Austro y de Aquilón están seguras 99



«Silvano aquí tú serás poco tiempo;

habitarás conmigo para siempre

esa Roma donde Cristo es romano. 102[L1004]



Por eso, en pro del mundo que mal vive,

pon la vista en el carro, y lo que veas

escríbelo cuando hayas retornado.» 105[L1005]



Así Beatríz; y yo que a pie juntillas

me encontraba sumiso a sus mandatos,

mente y ojos donde ella quiso puse. 108



De un modo tan veloz no bajó nunca

de espesa nube el rayo, cuando llueve

de aquel confín del cielo más remoto, 111



cual vi calar al pájaro de Júpiter, 112[L1006]

rompiendo, árbol abajo, la corteza,

las florecillas y las nuevas hojas; 114



e hirió en el carro con toda su saña;

y él se escoró como nave en tormenta,

a babor o a estribor de olas vencida. 117



Y luego vi que dentro se arrojaba

de aquel carro triunfal una vulpeja,

que parecía ayuna de buen pasto; 120[L1007]



mas, sus feos pecados reprobando,

mi dama la hizo huir de tal manera,

cuanto huesos sin carne permitían. 123



Y luego por el sitio que viniera,

vi descender al águila en el arca

del carro y la cubría con sus plumas; 126[L1008]



y cual sale de un pecho que se queja,

tal voz salió del cielo que decía

«¡Oh navecilla mía, qué mal cargas!» 129



Luego creí que la tierra se abriera

entre ambas ruedas, y salió un dragón

que por cima del carro hincó la cola; 132



y cual retira el aguijón la avispa,

así volviendo la cola maligna,

arrancó el fondo, y se marchó contento. 135[L1009]



Aquello que quedó, como de grama

la tierra, de las plumas, ofrecidas

tal vez con intención benigna y santa, 138



se recubrió, y también se recubrieron

las ruedas y el timón, en menos tiempo

que un suspiro la boca tiene abierta. 141[L1010]



Al edificio santo, así mudado

le salieron cabezas; tres salieron

en el timón, y en cada esquina una. 144[L1011]



Las primeras cornudas como bueyes,

las otras en la frente un cuerno sólo:

nunca fue visto un monstruo semejante. 147[L1012]



Segura, cual castillo sobre un monte,

sentada una ramera desceñida,

sobre él apareció, mirando en torno; 150[L1013]



y como si estuviera protegiéndola,

vi un gigante de pie, puesto a su lado;

con el cual a menudo se besaba. 153[L1014]



Mas al volver los ojos licenciosos

y errantes hacia mí, el feroz amante 155[L1015]

la azotó de los pies a la cabeza. 156



Crudo de ira y de recelos lleno,

desató al monstruo, y lo llevó a la selva,

hasta que de mis ojos se perdieron 159

la ramera y la fiera inusitada. 160[L1016]

No hay comentarios: